Des-Bordarse: sobre la creatividad en la maternidad

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El 28 de agosto de 2019, hace 5 años y cacho, fue mi cumpleaños número 32. Ese día mi hijo, Lázaro, tenía apenas 8 días de nacido y yo experimenté una sensación de desborde sin precedente. Siempre, de por sí, me ha desbordado cumplir años. Entiéndase el “desborde” como quien habita, yo en este caso, la sensación de que el espíritu puede caber en un cuenco y que en ese momento el cuenco es muy pequeño. Yo ese día en el que cumplí 32 años, de pronto me vi al espejo, vendada mi panza, con un ser pegado a mis tetas y podría jurar que fue la primera vez en 8 días y 9 meses que pude concebir REALMENTE el hecho de que me acababa de convertir en mamá. El desborde. Amor, Miedo, probablemente Terror, alegría, extrañeza, arrepentimiento, seguridad absoluta, Alegría inmensa, Duda GIGANTE, de nuevo AMOR, un AMOR desbordante, TERROR desbordante. 

Ese día tenía revisión en el hospital, tocaba hacer el tamiz de Lázaro, después mi mamá me invitaría a comer mi comida favorita para festejarme. Estuve mareada todo el día. El desborde. Entiéndase el “desborde” como quien no reconoce dónde están sus propios límites. Mis preguntas en el baño del restaurante brotaron. ¿Mi límite abarca aún a este otro que hace 8 días estaba dentro de mí? ¿Es esto a lo que llaman el vínculo eterno que existe entre madre e hijo? Qué romántico lo dicen, pero yo me siento desbordada. Entiéndase “desbordada” de manera juguetona como quien se des-borda, quien hace un trabajo en sentido contrario al tejido, se desteje. ¿Quién soy ahora que se ha devanado este hilo que yo soy? ¿Qué va a ser de esta yo que ahora es un ovillo de colores, una madeja?

En medio de estas preguntas, imágenes y sensaciones, me llamó Marisol, una amiga de mis papás muy amada en mi familia, para felicitarme por mi cumpleaños y por el nacimiento de Lázaro, me felicitó con una frase que siempre me quedará grabada en la memoria:“Felicidades chiquilla hermosa, ¿qué se siente pertenecer al club de CO-CREADORAS del UNIVERSO?”

El desborde. Entiéndase “desborde” como la sensación de abismo ante la posibilidad de asumirte como CREADORA de vida. La RAE define así el acto de CREAR: “CREAR: Producir algo nuevo / Producir algo de la nada”. Yo, con mi cuerpo, creé a este ser, este ser que ahora está aquí, en este mundo, y que será quien es y que me reconocerá con el olfato y luego con la mirada, para luego nombrarme con la palabra “mamá” y yo seré su mamá, y lo acompañaré en su vida sin que sea mío porque él es él y yo sí soy su mamá, pero soy “yo” también, que soy hija de mi madre que a su vez es ella misma. El desborde. 

Pienso que el desborde vino porque no hay preparación posible para ese momento, porque existe un romanticismo tácito de la maternidad, que reviste de olanes y encaje las cunas mentales con las que crecemos pensando el mundo de lo “femenino” ligado a parir hijos, para después con suerte entender que sin ser madres todas entendemos ese mundo porque somos hijas y habitamos esta vida desde estos cuerpos. Creo entender que existe ese romanticismo porque si una como mujer se compromete a sentir el abismo de la propia existencia, ya sea desde esta experiencia que comparto aquí, o cualquier otra que incite a preguntarnos quiénes somos y qué es esto que llamamos vida, lo que sobreviene es un vuelco existencial, un vuelco que este mundo patriarcal y blanco rechaza a toda costa. Un estado que ha sido nombrado de muchas maneras como INCORRECTO y negado desde la academia blanqueada que sostiene el entramado de un sistema donde SERVIR y ser PRODUCTIVAS es una obligación y no conlleva al cuidado o al reconocimiento. Estas ideas románticas sobre lo que una debe hacer o esperar de sí misma o de las otras, es el gancho del servilismo que esclaviza a todas las mujeres, de una manera u otra.

Volviendo a la noche de mi cumpleaños… Aquella noche, para calmar lo que sabía podía devenir en un ataque de pánico, me senté a escribir y lo que vino fue la claridad del final de una obra de teatro que llevaba escribiendo a lo largo de 10 meses. Con una claridad sin igual, aquella noche después de un día de desborde pude escribir el esbozo del final de mi texto y, con ello, la alegría de haber parido mi primera obra de teatro escrita. Ahora mi sensación se duplicaba. El desborde al cuadrado. Cuando dejas de poder definir el desborde y viene una explosión. 

Debo haber llorado por lo menos media hora sin parar.

La creación de la dramaturgia de mi obra me había regalado la liberación que necesitaba yo de mi otra creación, la de mi hijo. Porque para mí hasta ahora no existe mejor manera de entender esta mi existencia que el arte. A final de cuentas lo que sucedió fue que, mi instinto creativo como artista pudo hacerme digerir lo que exige socialmente el término preconcebido de que la maternidad es instintiva. De pronto me encontré sintiendo CULPA. Avergonzada descubrí que en mí no aplicaba el papel de mamá sacrificada, ni el instinto materno que espera de mí la sociedad, “algo debe estar mal en mí”, ese fue mi pensamiento. Entiéndase el SACRIFICIO, no como ofrenda, sino como acto de renuncia, concepto romántico que persigue a la “mujer moderna” que sostiene un capitalismo insostenible, disfrazándose de EXIGENCIA, ÉXITO y PERFECCIÓN. 

Cinco años después, tras una pandemia, una relación violenta con el papá biológico de mi hijo y una separación que trajo consigo una liberación dolorosa que sigo transitando, me encuentro con que la “perfección” como expectativa tanto en la maternidad como en el ámbito de creadora escénica es una idea que ejerce control sobre mí y que me aleja de lo contundente, valiente y libre que puedo ser si me permito equivocarme. Porque apenas logro vislumbrar los alcances que tiene el cómo se nos exige como mujeres el triple de esfuerzo desde cada ámbito que buscamos abarcar en nuestras vidas. He pensado que lo que más me ha enseñado CREAR es asumir que tengo la capacidad de equivocarme y que romper con el miedo al ERROR es abrazar a ésta que soy, permitirme desbordarme y tener disposición para APRENDER y que no sé mucho o casi nada y que el ASOMBRO infinito de descubrirme viviendo quizás sea el ejemplo que quiero dar a mi hijo, lo que deseo decir desde mi obra y lo que deseo gritar desde estos espacios de encuentro que son un TESORO. Asumir el hecho de que no puedo abarcarlo TODO también abre un camino liberador aún por andar, deconstruir y reinventar. Me pregunto en este proceso de maternidad y artista lo que callan otras mujeres porque me queda claro que somos una especie que se ha tenido que adaptar a TODAS las circunstancias, me queda claro que como mujeres hemos sido obligadas al MULTITASK desde el lugar que el mundo nos demanda que ocupemos y que es un lugar de SERVICIO y CONTROL. 

Hoy, Lázaro tiene 5 años y esta crianza me reta cada día, mi mantra creativo como MAMÁ y CREADORA es: siempre desde el AMOR y la VALENTÍA. Entiéndanse amor y valentía como LIBERTAD.


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